lunes, 30 de junio de 2008

Niñez y Adolescencia: una visión liberal

Walter Farah,
30 de junio, 2008

El Movimiento Libertario es liberal; es decir, un partido que descansa en una filosofía que considera a la libertad individual como su fundamento esencial. Al asumir este principio, ciertamente el liberalismo conduce al individualismo, es decir, al respeto absoluto a la expresión de cada quien. La libre expresión conduce a la creatividad y ella al optimismo. Un liberal, por ese motivo, rechaza toda forma de pesimismo.
Transformar la libertad individual en el eje básico conduce necesariamente a la diversidad, al respeto a la diversidad. Ser liberal no implica ninguna receta. No hay manera de justificar, desde nuestra ideología, cualquier pretensión de transformar los valores de cada quien en los valores de todos. No perseguimos ningún destino. No patentamos ninguna elección como única y exclusiva. No transformamos los valores individuales en valores universales. Nuestra universalidad descansa, paradójicamente, en la individualidad.
Los liberales somos eso, liberales. No somos cristianos a pesar que los cristianos encuentran un espacio en nuestro partido. No somos agnósticos a pesar que los agnósticos encuentran un espacio en nuestro partido. Y lo mismo puede decirse de toda diversidad, incluso la sexual.
Como consecuencia, no hay mayor ofensa para un liberal, que la intromisión del Estado en la vida de los individuos. Cada quien, desde sus propios valores, construye sus éxitos y fracasos, sin necesidad que una autoridad, cualquiera que sea, nos defina si son correctos o no. Para un liberal los fracasos no son un buen argumento para justificar intromisiones; al contrario, son punto de partida para volver a empezar.
Si lo anterior es cierto, entonces, a propósito de niños y adolescentes, los liberales nos dirigimos, no al Estado, sino a la familia y a la educación como instrumentos forjadores de valores y conocimientos. ¿A cuál familia? ¿A cuál educación? A ninguna en particular. Si la libertad individual conduce a la diversidad individual, la diversidad individual conduce a la diversidad de familias y a la diversidad de procesos educativos. Que los liberales no aceptemos que un modelo particular de familia se convierta en receta para todos, conduce a una única conclusión: los liberales consideramos que es la familia, todas las familias, el eje fundamental de todo debate sobre niñez y adolescencia.

Es cierto que familia quiere decir, en una primera aproximación, lazos de parentesco pero, ciertamente, sobre todas las cosas, para un liberal, la familia descansa en el amor. En realidad, más que un grupo parental, la familia es un núcleo de amor libremente elegido.

¿Qué tiene que ver esto con niños y adolescentes? Todo. El camino más rápido para una conclusión es decir: dado que todas las familias son legítimas, en consecuencia, no hay manera de pretender que los niños y adolescentes sean pretendidamente uniformados bajo unas pretendidas normas universales. Para nosotros, lo importante es que el niño nazca y se desarrolle en un ambiente que propicie su libertad, su creatividad, el optimismo ante la construcción de su vida, que desarrolle sus potencialidades, que se manifieste, con orgullo, diferente, único, especial,

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