domingo, 1 de julio de 2007

Matices sobre los apuntes liberales

3 de junio, 2007

A propósito de la columna anterior, "Apuntes Liberales", recibí correos-e de personas que me hicieron observaciones críticas y comentarios de apoyo. Don Jorge Eduardo Cartín escribió: "...yo siempre creí ser socialcristiano y hay mucho de esa doctrina que me apasiona pero el conocer la doctrina liberal o mejor dicho irla conociendo sin miedos ni creencias cegantes que nos han hecho verla como la peor de todas las doctrinas políticas me ha identificado con mi parte liberal y mi perspectiva del individualismo criticado por todoas las doctrinas politicas ha sido modificado!..."

Don Gonzalo Rodríguez: "Afortunadamente, la mayoría de los costarricenses somos liberales y me parece que una de las características esenciales del liberalismo es que es reformista. Quizás por eso se piensa, yo diría con cierta ligereza que los liberales tendemos a privilegiar el statu quo, “lo establecido”. En realidad lo que sucede es que tendemos a alejarnos de la utopía, tenemos los pies muy bien puestos en el suelo. Reconocemos que las sociedades progresan, cambian, sufren modificaciones, pero éstas últimas no deben ser el producto de reacciones o rebeliones, sino más bien el producto de grandes pactos. La idea de estos pactos no nace en la colectividad, nace como apunta el filósofo español Ortega y Gasset, 'en mentes selectas, individuos críticos y sobre todo libres, cuyo pensamiento es capas de orientar a las masas. Yo creo en la colectividad, pero en la que se funda a partir de la libertad del individuo".

Doña Marina Volio: "Me he dedicado, desde 1986, a estudiar documentos originales de la Costa Rica que se va a crear con el primer Congreso Constituyente de 1824. Coincido en que a lo largo de toda nuestra historia hemos sido liberales, no autocráticos ni dictatoriales. Prueba de ello es que en los momentos que se ha presentado esa coyuntura levantamos nuevamente la bandera de la libertad"

Tal como lo señala don Jorge, el liberalismo está rodeado de prejuiciosos miedos o "creencias cegantes" que impiden el debate racional sobre sus principales tesis.. Por ese motivo, uno de los compromisos más fuertes de todo liberal es abordar y fomentar las conversaciones y diálogos de forma racional, que no garantiza posterior coincidencia o discrepancia con nuestro interlocutor, pero sí inteligencia, seriedad, consecuencia, transparencia, claridad y precisión, valores importantes en todo liberal. Ahora bien, al menos en nuestro entorno cultural -tan dado al "nadadito de perro" y al "ton ni son", ese estilo puede parecer, a veces, "duro" o "intransigente", dependiendo de las personas y los contextos. Pero de una u otra manera, a pesar de los prejuicios de otros y las características propias, los liberales nos esforzamos por permanecer en aquellos valores y, de esa manera, fortalecer el debate de ideas, no de prejuicios, en una sociedad como la nuestra que, a pesar de su propia historia, hoy privilegia las falacias de todo tipo.

Un ejemplo puede servir. Como se sabe, los libertarios siempre fuímos críticos de las distintas versiones de los proyectos, de la hoy Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres, entre otros motivos, argumentando que es inaceptable que si un esposo mata a su esposa, reciba una pena mayor que si una esposa mata a su esposo, generando una desigualdad que, para nosotros, por principio, es inaceptable ¿Eso quiere decir que los liberales no conocemos del problema de la violencia contra la mujer o no entendemos la necesidad de atenderlo? No. Lo único que quiere decir es que sostenemos que un problema de género, en lo fundamental, es un problema cultural y que crear diferencias, derivadas del sexo de las personas, para atender un problema cultural, es reduccionista y culmina, necesariamente, en una desigualdad, es decir, paradójicamente, reproduciendo la desigualdad en el intento por corregirla. Sostener esa posición, en medio de un discurso falsamente emotivo, calculador y politiquero, en efecto, puede parecer, a unas personas, duro e intransigente pero, como ya mencionamos, ése, es otro tipo de problema.

Durante las diversas legislaturas que esa inciativa estuvo en la Asamblea Legislativa, los diputados libertarios siempre plantearon alternativas para favorecer otro tipo de solución. En el último episodio, en mayo pasado, cuando finalmente llegó a votarse el último texto, los diputados libertarios lo único que solicitaron, al resto de partidos políticos y al propio Gobierno, fue su apoyo para consultarlo, previamente, a la Sala Constitucional. No fue posible. De esa manera, finalmente, la racionalidad dió paso definitivo a los discursos vehementes, dramáticos y de compromiso, sin importar seriedad o consecuencia. Por supuesto que el liberalismo es afectado por los prejuicios, pero nunca renunciaremos a nuestros principios para "acomodarnos" a las circunstancias. Al contrario, seremos fieles a ellos porque de esa manera, además, ejemplo mediante, entendemos que también colaboramos para renovar la cultura política costarricense, un propósito que todos, no solo nosotros, debiéramos asumir.

Sobre la diferenciación entre liberalismo y neoliberalismo, recibí dos correos. El primero, de don Melvin Garita: "...Solo una observación, el concepto de neoliberalismo tiene distintos significados y orígenes, este aspecto es muy bien abordado en el ensayo “El mito del neoliberalismo”, de Enrique Ghersi, tal vez a lo que usted se quería referir está relacionado con lo escrito por Ghersi: “En el caso del “neoliberalismo”, lo que sucede es que se quiere asimilar con el liberalismo algunas políticas o ideas en particular que aisladamente podrían ser compatibles con él, pero también con cualquier otra cosa, sugiriendo una identidad inexistente. Se trataría entonces de lo que en teoría se denomina una sinécdoque particularizante: se quiere presentar partes del liberalismo como si fuera el todo.”. Solo para recordar a Friedman en alusión a Sobre la Libertad: ‘La declaración más concisa y clara del principio liberal fundamental, “el único propósito por el cual el poder puede ejercitarse correctamente sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, es para prevenir el daño a los demás...” ‘

El segundo correo, de don Helio Fallas: "Aunque las fuentes del liberalismo y neoliberalismo son distintas se encuentran. El liberalismo como expones se enmarca en una doctrina política mientras que el neoliberalismo es una corriente de pensamiento económico basada en la libertad de los mercados y en el reducir el tamaña del estado aunque existan fuerzas muy desiguales en la sociedad. Por ello es muy común ver cómo los llamados "liberales" apoyan muchas o la mayoría de las medidas neoliberales".

Admitamos que, con relación al mercado, el liberalismo, como política económica, apoya y favorece su libertad y la reducción del papel del aparato estatal. Pero eso no implica que la política económica liberal coincida con el "neoliberalismo". Al contrario, los liberales somos hipercríticos de la forma que, durante los años ochentas, noventas y hoy, se impulsaron e impulsan políticas, en apariencia, favorables al libre mercado y reducción estatal, pero que no son más que variaciones del acostumbrado proteccionismo histórico.

Por ejemplo, permanentemente denunciamos el doble discurso de los distintos gobiernos que hablan en defensa del libre comercio pero que, sin rubor alguno, defienden monopolios internos privados, usualmente relacionados con pocos nombres y apellidos, como el azúcar y arroz. Causa molestia escuchar argumentos que defienden esos monopolios, en términos de protección al productor nacional contra la salvaje competencia internacional, cuando es conocido que los únicos favorecidos son esos pocos, en prejuicio de todos los consumidores. Dado que reconocemos que los principios de igualdad en el mercado abierto no están asegurados entre los que ofrecen y compran, enfatizamos la importancia y defensa del consumidor, siendo éste uno de los ejes que, necesariamente, también forma parte de una política económica liberal. En la defensa del consumidor es probable que coincidamos con otras fuerzas pero, a diferencia de la experiencia acumulada desde que se aprobó, en nuestro país, la normativa de libre competencia y defensa efectiva del consumidor, la política económica de un gobierno liberal incluiría pasos efectivos, rápidos y decisivos que tiendan a empoderar al consumidor y sus organizaciones, diferenciándose de la burocratización en que ha terminado la defensa del consumidor, bajo el ejercicio de gobiernos neoliberales.

Podría afirmarse que, a pesar de la defensa del consumidor que hacen los liberales, su política económica y la del neoliberalismo siempre se encuentran, puesto que ambos favorecen el libre comercio y la disminución estatal "aunque existan fuerzas muy desiguales en la sociedad". Es falso que el neoliberalismo farorezca la disminución del aparato estatal. Al contrario, al revisarse el detalle de las políticas promovidas por los partidos tradicionales, los recursos públicos disponibles y los resultados obtenidos, la política eeconómica neoliberal no ha disminuido el aparato estatal, en muchos casos ha incrementado el gasto y ha sido poco eficiente en la obtención de los resultados Nuevamente, fiel a su espíritu, el eje principal que explica por qué los neoliberales fluctúan, disminuyendo o aumentando el aparato estatal según sea el caso, es su mercantilización, es decir, su permanente interés de proteger a unos, pero no a todos. No es casualidad que la corrupción sea otro de los fenómenos que acompaña al neoliberalismo.

Los liberales, por el contrario, creemos que, sí o sí, el aparato estatal debe disminuir su tamaño y aumentar su eficacia y eficiencia y consideramos pocos serios los argumentos que defienden una institución pública, solo por el objetivo, elevado a principio divino, encomendado en su ley, independientemente de sus resultados. Un buen ejemplo, entre otros, es la enorme cantidad de instituciones que han atendido y atienden el problema de la pobreza y de recursos con que han contado y cuentan, solo para comprobar que la pobreza se ha incrementado y que, después de treinta años, aún ni niquiera sepamos quienes son esos pobres, a pesar que de una frontera a otra, no duramos más que unas pocas horas en hacer el recorrido.

En ese caso, nuestra visión de restringuir la presencia de los aparatos estatales en la vida nacional, ni siquiera tendría que fundarse en principios. Basta la verguenza ajena para entender que la atención de la pobreza debe ser abordada de otra manera, a pesar de los especialistas y la burocracia. Tampoco compartimos el argumento que señala que las instituciones públicas no deben disminuir porque afecta el empleo público, dado que el propósito de la política pública que animó la creación de las instituciones que atienden la pobreza, fue el de resolver ese problema, no aquel. Es cierto que la reestructuración del sector público genera dificultades a las personas que son afectadas, pero ese es un problema diferente que debe enfrentarse en su propia especificidad. Es común escuchar el argumento que los libertarios carecemos de sensibilidad y propuestas referidas a "lo social". Eso es falso y, más bien, hoy hacemos un esfuerzo por abordar activamente estos temas y tomar una actitud más agresiva en la denuncia y presentación de propuestas. El caso de vivienda es un buen ejemplo. Mientras que el ministro se va a dormir una noche en un precario, el análisis de su política de vivienda, es decir, en lo que debiera estar, revela inconsistencias, falsedades y pocos resultados, es decir, la conducta neoliberal de siempre..Por otra parte, mientras que partidos, como el PAC, que tienen un discurso, afirman ellos, en favor de "lo social", cualquier cosa que eso signifque, al mismo tiempo es notoria su ausencia, al menos, en el control político de las personas, programas y resultados de las instituciones que, de paso también defienden, a pesar de sus pésimos resultados. Paradójicamente, fuímos los libertarios, es decir aquellos que, supuesta y prejuiciosamente, carecemos de sensibilidad y política social, los que hemos denunciado, recientemente, la situación vigente en el BANVHI, su ineficiencia y despilfarro.

Dado que, en términos históricos, el neoliberalismo, en Costa Rica, es hijo de los dos partidos tradicionales, puede afirmarse que la política económica de los gobiernos de liberación y unidad es una política neoliberal que, como sabemos, ha incrementado la pobreza, el dolor humano y ha terminado por dificultar las oportunidades que las personas deben contar para su desarrollo. Coincidimos con don Helio en reconocer que "existen fuerzas muy desiguales en la sociedad", pero no creemos que ese argumento puede utlizarse para justificar la intervención estatal en el mercado o para su participación, mediante instituciones, para equilibrar esa desigualdad. De inicio, a lo sumo, lo único que podría afirmarse es que, en determinadas condiciones, esa intervención y participación podría coadyuvar a ese propósito, pero no necesariamente, como lo demuestra nuestra propia historia. De hecho, dada la experiencia empírica, podría perfectamente justificarse la tesis contraria. La participación e intervención del estado profundiza las desigualdades.

1 comentario:

  1. Nuevamente....un excelente artículo. ogg, Otto Guevara Guth

    Walter: La libertad total individual, absolutamente responsable es el único camino al verdadero empoderamiento del ser humano. Hay que darle al hombre, el poder de hacer responsablemente, lo que su imaginación genere y sus fuerzas le permitan. No hay que darle salarios escolares ni bonos de la vivienda; démosle trabajo bien remunerado y brindémosle, como estado, una economía país dinámica y creciente, en donde la persona pueda negociar la compra de su hogar o el lugar a donde enviar sus hijos a estudiar y así, sea responsable él, de sus acciones y asuma los resultados obtenidos.Atentamente, Anselmo Sánchez Valerio.

    Mi querido y estimado amigo, nada mas le manifiesto que una opinión muy personal, es que uno nace y crece dentro del socialcristianismo, el humanismo cristiano, lógicamente es producto de una muy profunda formación que trasciende mas allá de los postulados políticos, cualquier cosa para ratificar lo que le digo, léase el libro del ilustrísimo Guillermo Malavasi Vargas y que se llama PRINCIPIO CRISTIANO DE JUSTICIA SOCIAL, como siempre un abrazo de RODRIGUISTA. Daniel Cordero Paniagua"

    muchas gracias por estos puntos de vista tan constructivos u edificadores,olman leon

    Estimado Walter: si el Estado no interviene para reducir la "desigualdad social", entonces quien debería hacerlo si se sabe que el mercado no lo hace? Los partidos políticos ??? Concretamente, que hace el PML? Solo denuncias como en el caso de Vivienda? Mientras tanto la desigualdad sigue creciendo. Estoy de acuerdo que los partidos tradicionales (PLN y PUSC) más bien luchan por sus propios intereses y no por los del país, por lo que son malos ejemplos de intervención estatal. En todo caso, hay un fundamento en la Doctrina Social de la Iglesia sobre la necesidad que el Estado no se convierta en un factor más del "capitalismo salvaje". Esto será lo que busca el PML sin proponérselo? saludos Helio Fallas

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