Lunes 20 de febrero, 2006
Desde hace mucho tiempo pertenezco a un grupo electrónico cuyos integrantes provienen de diversos partidos. Se llama CR-denuncia y su espíritu es altamente crítico. A quince días del pasado 5 de febrero, recientemente tuve la oportunidad de leer algunos comentarios acerca del papel y resultados de mi partido, el Movimiento Libertario. Las críticas fueron variadas y punzantes. Algunas de ellas, a tan poco tiempo transcurrido, aún deberán permanecer pendientes de respuesta. Otras, sin embargo, sirven como punto de inicio para una inevitable reflexión.
"Creo que el ML debe repensarse, virarse al centro, dejar el discurso libertino, neo liberal, sacar a los habladores de paja, filtrar muy bien a las personas que candidatee (vg. los "gemelos fantásticos" de Heredia), y mostrarnos una visión de país congruente, no entreguista", escribió don Luis Montero.
Hace mucho tiempo las denominaciones de izquierda, centro y derecha dejaron de tener sentido para mí. Prefiero, conforme el sabio consejo de Popper, concentrarme en los problemas y sus soluciones. No veo cómo conceptos que nacen en el contexto de la revolución francesa, siglo XVIII, puedan significar algo a inicios del XXI. Me pasa lo mismo, por ejemplo, con los conceptos de soberanía, nacionalidad o similares. A estas alturas, simplemente, me parecen arcaísmos de la teoría política. Por esa razón, no entiendo mucho eso de "virar hacia el centro". ¿Hacia el centro de qué? Los libertarios no somos de derecha, ni de izquierda, ni de centro. Somos liberales.
Hablando de radicalismos, el valor principal de un liberal es la libertad. Luis Montero afirma que Costa Rica tiene un espíritu socialista. Yo preferiría utilizar el concepto de solidario (pienso, por ejemplo, en el espíritu que animó la creación de la CCSS). Liberal sí. No cabe duda. Tiene raíces en la historia nacional. A mediados del XIX, gracias a los liberales de entonces, fuímos Nación-Patria-Costarricenses. Desde finales del XIX, gracias a los liberales de entonces, la libertad y la educación se transformaron en valores fundamentales de nuestra sociedad. De hecho, están consagrados en la Constitución. Eso es lo que explica, en mi caso, que me oponga a la convocatoria de una Constituyente (en medio de nuestra actual mediocridad, se corre el riesgo que a alguien se le ocurra y, convenza, que es necesario eliminar o reformar, quien sabe por qué razón, los capítulos correspondientes).
Algo similar me pasa con la noción de "neoliberalismo". Entiendo que refiere al conjunto de políticas públicas impulsadas desde los ochentas para acá, pero la carga negativa que le es inherente impide matizar lo que necesariamente debe diferenciarse. Reducir el papel del estado en la vida de las personas y aumentar la eficiencia en la administración pública, por ejemplo, siguen siendo una necesidad impostergable. Por supuesto que está el tema de la corrupción que, históricamente, acompañó la ejecución de aquellas iniciativas; los ejemplos son muchos y abundan en nuestra propia realidad. Por esa razón, a esa etapa, preferimos referirnos como la "mercantilización de las políticas públicas", es decir, el festín, en favor de unos pocos, del proceso de ejecución de unas reformas que, en muchos casos, seguimos considerando imprescindibles. Pero esa es otra cuestión. En todo caso, por aquello de los malentendidos, los libertarios ni somos herederos del neoliberalismo ni mucho menos somos sus apologistas. Al contrario. Somos sus críticos.
Reconozco que tampoco me gusta eso de "visión de país", que desde hace mucho tiempo se ha puesto de moda por estas tierras. Hay una especie de totalitarismo camuflado que hace que intuitivamente tienda a rechazar el concepto. Por supuesto que los libertarios poseemos una visión congruente de cómo nos gustarían que fueran las cosas, pero nunca se nos ocurriría, en nombre de ese proyecto, eliminar o restringuir el ejercicio de la libertad. En realidad, ese ejercicio remite a todas las visiones posibles. En lugar de una, muchas y diversas.
Tampoco entiendo eso de entreguista. Me imagino que se refiere, en el actual contexto, al tema del TLC. Lo apoyamos, críticamente, porque preferimos el libre comercio a cualquier restricción. No desconocemos potenciales consecuencias negativas, por ejemplo, en situaciones particulares, derivadas de la implementación del libre comercio, como puede ser el caso del TLC. Pero estamos alejados de las soluciones de siempre e impulsamos soluciones que favorecen la libertad. Dado que no hay mayor sabiduría que una discusión racional y crítica, para un liberal es difícil entender que, por un tratado comercial, se hable y fomente la confrontación. No me explico cómo, por ese motivo, muchos conocidos, de aquí y de allá, se dan de guevasos solo porque se apoya o se rechaza una medida particular. Ese es el peligro de las "visiones de país". En su afán salvador terminan dividiendo, fomentando el conflicto, generando mala vibra. LLamando entreguista a lo que, a lo sumo, es mera consecuencia.
Don Luis Montero señala también "que poco le importa el pobre al ML. Su oposición a los impuestos así los delata". Es injusta esa crítica. La posición de la Fracción Legislativa Libertaria ha sido una cuestión de principios. Se sabe que, en general, favorecemos un sistema de pocos impuestos con penas severas. Pero más allá de eso, hoy día, aprobar más impuestos, es nuevamente trasladar la ineficiencia, ineficacia y corrupción de la administración pública a espaldas de todos nosotros, tal como ha ocurrido con todos los paquetazos de impuestos aprobados en las últimas décadas, en nombre, eso sí, de una "visión de país". Un ejemplo.
El actual diputado libertario, don Carlos Salazar Ramírez, realiza una investigación sobre las resoluciones de incobrabilidad emitidas por la Dirección General de Tributación en los últimos años. El análisis de la información, obtenida solo después de una resolución de la Sala Constitucional que obligó a esa Dirección a entregarla (siempre se negó), abre las puertas a un análisis detallado sobre su capacidad de gestión. Un solo ejemplo bastará. En enero del 2003, esa Dirección declaró incobrable la deuda de la empresa The Lovable Brassiere Company S.A. por concepto de impuesto de ventas de 1997 El motivo: prescripción. El monto: 2.140.412 colones. En general, la Dirección de Tributación prefiere declarar incobrables los impuestos no pagados, en lugar de aplicar las sanciones que establece la ley. A eso, con dignidad, nos hemos opuesto y seguiremos oponiéndonos. Como se sabe, esta semana que pasó fue aprobado, en primer debate, ese nuevo paquetazo de impuestos, con votos del PLN, PAC y PUSC.
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